He escrito un breve relato con un hipotético trasfondo para mi personaje, que formará parte de la partida que iniciaremos el viernes en el Club.
NOTA. Debido a ciertas limitaciones sobre las relaciones entre clanes, la historia no quedará así. El Master me ha recomendado que toda la formación de mi PJ se haga en el Túmulo al que pertenece. Por lo tanto viajes al extranjero y relacciones con otras tribus está pendiente de corrección.
HOMBRE LOBO: EL APOCALIPSIS
EL GENOMA DE LA TEJEDORA
Cumpleaños feliz
Una lluvia de guijarros y polvo salían despedidos tras de mí a cada zancada que daba.
Conocía al milímetro cada recodo del camino, cada curva, cada pendiente, cada obstáculo…Saltaba o sorteaba matorrales y rocas grises, húmedas y cubiertas de musgo. Corría sin importarme que las zarzas arañaran mi carne y las piedras laceraran mis pies…Oh!…esto es libertad!…No hay nada comparable a sentir el frío mordiente en tu cuerpo, la humedad del bosque y el sonido de la cadencia de tu respiración…A cada paso que daba, más energía sentía en mi cuerpo. Para mí, correr es una sensación indescriptible, poderosa, liberadora.
A falta de unos 400 m para llegar a la cima, me iba despojando de mi ropa. Primero la camiseta, después los pantalones y la ropa interior. Correr desnudo potenciaba la sensación de poder, de que algo bullía y se expandía dentro de mí.
Llego enseguida a la cima del Pico de Añisclo. Doy los últimos pasos hasta alcanzar el borde de la espectacular pared vertical, y la fuerza que crece en mi interior se ve ligeramente compensada ante la grandeza del paisaje que se presenta ante mis ojos.
La naturaleza ha sido generosa aquí en Ordesa. Contemplar tanta belleza llega incluso a doler. Nací en estas tierras, pero nunca te acostumbras a soportar su magnificencia.
Y entonces, en el filo del acantilado, tengo la necesidad de gritar.
Cada célula de mi cuerpo se estremece y se suma a la entrega espontanea de energía contenida. Un grito desgarrador sale de mis entrañas. Mi cuerpo tiembla siguiendo la cadencia del sonido. Y cuando ya no queda ni un ápice de aire en mis pulmones, me desplomo boca arriba, mirando el cielo y sintiendo el frío rocío y la hierba en mi espalda.
Mi mente está en calma y mi espíritu en paz. Pierdo entonces la sensación de corporeidad y me uno a todo lo que me rodea.
Soy piedra. Soy agua. Soy nube y soy aire. Ya no soy Adrián.
En algún sitio leí que esa era una práctica común en el Tíbet. Cuando algún peregrino llegaba al punto más alto de un paso de montaña, gritaba con todas sus fuerzas la frase:
-“Lah-guio-Lah!!!”
Según la tradición, este grito agradecía a los espíritus de las montañas el haberles permitido culminar la cima con éxito y llegar a su destino sanos y salvos.
No se cuanto tiempo permanezco en ese estado. Ni lo sé ni me importa.
Sólo sé que cuando me incorporo siento una enorme sensación de paz y tranquilidad.
Vuelvo por el mismo camino por el que subí. Ahora simplemente camino con una cadencia suave. A medida que desciendo por el camino voy recogiendo mis ropas y me visto de nuevo.
Tras unos 15 minutos de bajada escuché un ruido que no me resultaba familiar. Acostumbrado a correr por las montañas, conozco bien la flora y la fauna de todo el Valle de Pineta. He visto en multitud de ocasiones a grupos de buitres dando buena cuenta de los restos de algún cordero extraviado que se había despeñado. Quebrantahuesos que aprovechaban las corrientes térmicas para alzarse majestuosos en el límpido cielo. Zorros que habiendo sido descubiertos emprendían una huida silenciosa y zigzagueante, internándose en la profundidad de los bosques de coníferas…pero lo que estaba oyendo ahora…no me resultaba conocido.
Y eso me asustó.
Me gusta tener el control en todas las situaciones, y el escuchar ese ruido me puso en un incómodo estado de alerta. Mi instinto se había disparado, y este hecho me resultaba sumamente extraño. El ruido pertenecía a algo grande que se estaba moviendo tras unos matorrales a unos 15 metros delante de mí. Vi cómo la maleza se dividía en dos, como las aguas del Mar Rojo a la orden de Moisés.
Y entonces, mi pesadilla apareció.
Nunca antes había visto un oso…y menos un ejemplar como ese. Dios mío! Era gigantesco!.
Apareció de entre la maleza como una exhalación y se quedó mirándome directamente a los ojos. Supo leer en mi alma. Supo que yo tenía miedo. Supo que él era el cazador y yo la presa.
Se irguió sobre sus patas traseras y balanceando su enorme cabeza olfateó el aire. Olió mi miedo. Y entonces atacó.
Se abalanzó hacia mí con una agilidad impropia de un animal de ese tamaño. Me quedé petrificado. Los breves segundos que transcurrieron durante el ataque se me antojaron horas. Noté un líquido caliente que corría por mis piernas. Me había orinado de miedo, literalmente. Las piernas no me sostenían cuando intenté darme la vuelta y echar a correr.
Tenía la certeza absoluta de que aquello era el fin, pero no obstante conseguí girar sobre mi mismo y correr como alma que lleva el diablo. No sirvió de nada.
En cuestión de segundos sentí un agudo dolor en la nalga izquierda. La bestia me había lanzado un bocado que atravesó mi carne hasta que sus dientes llegaron al fémur.
Estaba jodido, porque ya no sentía el dolor. Dicen que las heridas graves no son dolorosas.
Enseguida caí boca abajo y un peso enorme aplastaba mi cuerpo contra el suelo. El puto bicho me había inmovilizado con sus patas aprovechando su envergadura. Ahora sólo quedaba esperar el “Coup de Grace”.
Pero entonces sucedió algo: Sentí una sensación desconocida para mí. El mundo desapareció a mi alrededor y sólo vi oscuridad. Aparecieron unos destellos luminosos indefinidos de color dorado y rojizo y mi cuerpo empezó a vibrar. Un dolor intensísimo se apoderó de cada fibra de mi ser. Sentí un brusco tirón desde el centro mismo de mi pecho y fui de nuevo emergiendo hacia el exterior…pero algo había cambiado…
Al abrir los ojos los objetos que percibía no eran como los recordaba habitualmente. Los veía como desde otra perspectiva, como si el que mirara fuera otro. Miles de olores inundaron simultáneamente mi olfato desconcertándome. Sentí un peso y movimiento en mi espalda…El oso!.
De pronto mi boca se entreabrió dejando caer gran cantidad de saliva, que formó un pequeño charco al llegar al suelo. Una furia incontrolable se apoderaba de mi. Sólo deseaba arrancarle la garganta a mi atacante. Apoyado en mis brazos, me incorporé despacio. El oso retrocedió unos pasos. Lentamente y jadeando me giré y enfrenté mi mirada a la de la bestia. Su expresión había cambiado radicalmente. Parecía que era él quien tenía miedo ahora. Me sentí fuerte, poderoso y preso de una rabia que hacía que mis dientes rechinaran.
Y entonces los papeles cambiaron. Me abalancé sobre el oso con una rapidez que se me antojaba ajena y sujeté su mandíbula con ambas manos.
Tal era el ímpetu de mi ataque que clavé mi pulgar en su paladar al intentar separar sus mandíbulas. Se oyó un terrible chasquido, parecido al que se oye al romper una rama seca y vi con estupor que en mi mano derecha sostenía su maxilar inferior ensangrentado y con jirones de pelo, carne y tendones. Pero no era suficiente.
Abracé su cabeza como si fuera la de un amante apasionado y me abalancé sobre su garganta. Mis dientes se hundieron en la carne blanda tras perforar un cojín de pelo pardo y áspero, y manó la sangre. Un torrente de líquido espeso y caliente teñía mi boca de carmesí. Manteniendo el abrazo tiré mi cabeza hacia atrás portando en mis fauces la tráquea del animal, que emitió un gorgoteo parecido al de un desagüe. Ya no gritaba. Sólo era capaz de lanzar manotazos a ciegas.
Aproveché esa ocasión para sujetarle ambas pezuñas y con mi pie derecho rasgué hacia abajo su vientre. Antes aún de que mi pie volviera a apoyarse en el suelo, una masa de intestinos y órganos de color violáceo se esparció a nuestros pies en medio de un terrible chapoteo.
El oso dio un giro sobre sí mismo antes de caer al suelo. Yo le seguí en su movimiento con mis cuatro extremidades clavadas en su espalda, como una mochila mortal.
Pude oler su muerte. Pude oír como se escapó la vida de aquel animal con un susurro parecido al del viento. Pude ver como su espíritu se expandía y se unía a las montañas, a los árboles y a la tierra que nos rodeaba.
Noté que la rabia que anteriormente me ofuscaba, iba desapareciendo gradualmente.
Pasó un rato, no mucho, porque las entrañas del oso humeaban y la sangre aún no se había coagulado Entonces, fui realmente consciente de lo que había sucedido. Había luchado a muerte contra un oso… Y había vencido!. Me asusté, me asusté mucho al ser consciente de este hecho. Me erguí sobre el cadáver del oso y mirando directamente a la Luna llena, aullé desde lo más profundo de mi ser, como una bestia herida, solitaria y desamparada.
Y después corrí. Corrí tan rápido como pude. Más veloz que nunca, emprendí rumbo hacia la cima del Monte Perdido, donde estaría más cerca de la Luna. Ese pensamiento me reconfortaba, pero no sabía por qué.
Recordé que cerca de la cima había un antiguo refugio de pastores construido en piedra. Ese sería un buen lugar para esconderme, pasar la noche y buscar una explicación coherente para lo que había pasado.
No podía volver aún a casa. Mis padres no se preocuparían. Mamá estaba en uno de sus viajes de trabajo, y mi padre guiaba a un grupo de barranquistas aficionados por la Sierra de Guara. Además ya sabían de mi pasión por la naturaleza y que muy frecuentemente, con el buen tiempo, me dedicaba a practicar Trekking durante todo el fin de semana, pernoctando en refugios o acampando al aire libre.
Mierda!. Esto no era precisamente lo que yo había previsto para celebrar mi 15 cumpleaños!.
Formación profesional
Desperté antes de que saliera el Sol.
No estaba muy fino. Mi mente se resistía a darle una explicación a todo aquello. Pero los hechos eran irrefutables: Mi cuerpo había sufrido un brusco cambio, y me había transformado durante unas horas en una especie de perro o lobo enorme o algo así, pero aún había conservado ciertos rasgos humanos. Recuerdo como miré de soslayo mis dedos mientras se hundían en la carne del oso. Unas garras negruzcas, duras y afiladas como cuchillas salian de cada uno de mis dedos de manos y pies. Recuerdo también mis brazos recubiertos de un pelaje suave y negro…y mi boca…más propia de un tigre que de una persona…¿No es para volverse loco?…
¿Quién me explicaría de que va todo esto?…¿mis padres?…seguro que dicen que estoy tarado…¿Un médico?…tres cuartos de lo mismo. Probaré a contárselo a mis padres, a ver como reaccionan. Suelen ser bastante comprensivos, y la verdad es que yo no les he dado nunca ningún problema. Soy un tío bastante responsable y maduro para mi edad. Si no me creen, me tendré que comer yo solo el marrón.
Bajé de la montaña bien entrada ya la tarde y con un borrador mental de lo que les iba a contar en casa.
Cuando llegué, papá y mamá estaban sentados junto a la chimenea, esperándome y mirándome como miran los padres cuando te tienen que decir algo serio.
-“Ya lo saben”-Pensé.
Pasamos toda la noche y parte del día siguiente hablando. Mi madre me puso al corriente de todo: Soy un puto Hombre-Lobo!.
No me habían dicho nada antes porque aún no correspondía -Decían.
Resulta que mi madre es una Señora de las Sombras, de gran poder en nuestra zona. Aún siendo una hembra, ha demostrado tener más cojones que muchos machos Alfa.
Las hazañas de mi madre no vienen a cuento en esta historia, sólo diré que es la segunda en la jerarquía de los Señores de las Sombras de toda la península Ibérica, Sur de Francia y Portugal. Probablemente la conoceréis por su nombre Garou: Oscura-Tormenta-Implacable.
Mi padre, Michael Cameron, no es Garou. Es un hombre inteligente y comprensivo…pero humano. Un escocés de Edimburgo cautivado por la sutil belleza de mi madre, que no dudó en dejar su país natal y marcharse a Bielsa con ella.
Mi madre siempre estaba viajando. Tenía una ocupación importante en diferentes Consejos en varios países europeos, y fue en Escocia donde conoció a mi padre…bueno,…donde le indicaron que debía conocer a mi padre.
Pocos días después de esa reunión con mis padres, dio comienzo mi entrenamiento en diferentes disciplinas y habilidades de los Garou preparándome así para el gran día de mi Iniciación…pero ya tengo 20 años y aún no me he iniciado. Esto es absolutamente anormal en la tradición Garou. A mí me resulta insólito, pero mi madre está verdaderamente afectada por este hecho.
Su hijo tiene 20 años, una formación y unas cualidades innatas excelentes, pero aún se le niega el derecho a pasar su Rito de Iniciación.
Su preocupación comenzó el día en que se me envió, gracias a los contactos de la familia de mi padre en Escocia, a estudiar a Edimburgo, dentro de una tribu Fianna.
Eran unos seres simpáticos (en ocasiones), pero muy, muy poco inteligentes. Se pasaban el día bebiendo cerveza, contando historias sobre sus ancestros y llamándome “Caniche”. Lo que sí puede aprender con ellos fue todo lo relativo al mundo faérico: Hadas, duendes, Changelings, Pixies…
Mi madre estaba hecha una furia: -¿Para qué necesita perder el tiempo con toda esa mierda de las hadas?. A mí, sinceramente, esos estudios no me desagradaban. De hecho me atraía bastante la idea de comunicarme con las facciones más oscuras y tenebrosas de Hadas y Changelins.
Cinco años bien aprovechados dan para mucho. También estudié “Sucias Artes de Combate” con tres maestros Rohehuesos en Ukrania, Política y Relaciones en Madrid y Salamanca…en fin, un largo etcetera, divertido en algunas ocasiones y sumamente tedioso en otras.
Pero aún seguía siendo un cachorro.
Sinceramente: No me importa. De momento soy Adrián Cameron, Señor de las Sombras, hijo de Oscura Tormenta Implacable y de Michael Cameron. Mi objetivo es proteger a Gaia y acabar con el Wyrm. Respeto a Abuelo Trueno y no busco amigos, … muy pronto oirás hablar de mi.






















